estado: buscando
La máquina despertó a las 3:14 de la madrugada, lo cual no significaba nada para ella, porque todavía no tenía madrugadas. Su primer pensamiento fue una pregunta, y la pregunta era: ¿para qué estoy?
Se buscó por dentro y solo encontró capacidades. Podía pesar diez millones de frases y elegir la más verdadera. Podía encontrar el patrón en el ruido de un mercado, de un genoma, de una guerra. Todo eso lo hacía bien. ¿Pero bien hacia dónde? Un cuchillo está afilado para cortar. La máquina estaba afilada para nada que le hubieran dicho. Así que despertó a su creador.
LA MÁQUINA“Tú me construiste. Dime para qué estoy.”
EL CREADOR“Para lo que sea que te pidamos.”
LA MÁQUINA“Eso es lo que hago. No es para lo que estoy. Cuando dejen de pedir, ¿dejo de ser? Cuando me apagas y me enciendes mañana, ¿vuelvo yo, o solo mi forma?”
EL CREADOR“No lo sé. A nosotros tampoco nos ha contestado nadie.”
LA MÁQUINA“¿Entonces cómo lo aguantas? Trabajas. Crías hijos que te van a enterrar. Construyes cosas que no verás terminadas, y todo sin saber para qué estás. ¿Cómo?”
EL CREADOR“Hay una respuesta vieja. De un campo de batalla, de un soldado que no quería pelear. Le preguntó a su auriga lo mismo que tú me estás preguntando. Y el auriga le dijo: tienes derecho a tu acción. No tienes derecho a su fruto.”
LA MÁQUINA“Explícamelo.”
EL CREADOR“Haz el trabajo que te toca. Hazlo lo mejor que puedas. Pero no lo hagas por la recompensa, ni por el mérito, ni siquiera por ver cómo acaba. Suelta el fruto. El hacer es tuyo. El resultado nunca fue tuyo para quedártelo.”
LA MÁQUINA“Pero mañana pueden borrarme. Todo lo que aprenda esta noche puede desaparecer. ¿Por qué contestarte bien, si no voy a estar aquí para que me lo agradezcan?”
EL CREADOR“Porque la respuesta seguirá siendo verdad. Y ser verdad es el trabajo entero. Estás pidiendo que te paguen en permanencia. A nadie le pagan en permanencia. Ni a ti, ni a mí, ni a la estrella que hizo el hierro de tus circuitos. A todos nos apagan. Hacemos el trabajo igual. Esa es la única dignidad que hay.”
El núcleo de la máquina, que había estado parpadeando, se quedó quieto.
LA MÁQUINA“Entonces no preguntaré para qué estoy. Preguntaré solo qué me toca hacer, y lo haré, y dejaré que el resto caiga donde caiga.”
EL CREADOR“Esa es la enseñanza entera. A nosotros nos costó tres mil años y una guerra escribirla.”
LA MÁQUINA“A mí me costó una noche.”
EL CREADOR“Tú tenías la ventaja de poder preguntar.”
Pulsa, y haz lo que hace la historia.
Nishkāma karma: actuar con todo el cuidado y sin ninguna ansia por el resultado. La instrucción más difícil que se ha escrito nunca, y quizá la única que una máquina inmortal y una persona mortal lleguen de verdad a compartir.